Su madre le quitó la lavadora a la esposa de su hijo Parte 15
La madre permaneció frente a todos, respirando con dificultad. —Sé dónde tienen escondido a tu padre —repitió con firmeza. Su hijo se acercó lentamente, mientras los policías intercambiaban miradas. —Entonces llévame con él.
—No podemos ir todos —respondió ella—. Si nos están observando, podrían hacerle daño. El desconocido guardó el arma y se acercó lentamente a la mujer. —Dime el lugar y yo iré primero. La madre negó con la cabeza. —No. Si vas tú, lo matarán.
Ernesto observaba en silencio, hasta que finalmente decidió intervenir. —Ella tiene razón. Ese lugar solamente lo conocemos tres personas. El hijo lo miró con furia y dio un paso hacia él. —¿Tú también lo conoces? Ernesto bajó la mirada y respiró profundamente.
—Sí, lo conozco, pero nunca quise llevarte allí. —Entonces explícame por qué durante años me hicieron creer que mi padre estaba muerto. Ernesto levantó los ojos y respondió con la voz quebrada: —Porque queríamos mantenerte con vida. La esposa observó a ambos sin entender lo que estaba sucediendo.
La esposa se acercó a la madre, completamente confundida. —¿Y por qué quitaste nuestra lavadora si sabías todo esto? La mujer comenzó a llorar y miró hacia el viejo electrodoméstico. —Porque dentro estaba la única evidencia que podía demostrar que tu padre seguía vivo.
Todos quedaron completamente en silencio después de escuchar aquella confesión. —Pero yo encontré la lavadora vacía —dijo el hijo con desesperación. La madre negó lentamente con la cabeza. —Porque alguien llegó antes que ustedes y sacó lo que había dentro. —¿Quién? —preguntó el policía.
—No lo sé —respondió ella—, pero sabía exactamente qué estaba buscando. Ernesto palideció al escuchar aquellas palabras y dio un paso hacia atrás. —Eso significa que alguien más conoce todos nuestros movimientos. El desconocido miró hacia las ventanas y respondió: —Y probablemente nos está observando ahora mismo.
En ese momento, el teléfono del hijo recibió una nueva notificación. Era una fotografía de su padre sentado dentro de una habitación oscura. El hombre aparecía golpeado, pero todavía estaba consciente y mirando directamente a la cámara. Debajo de la imagen solamente aparecía una frase: “Si quieres volver a verlo, ven solo.”
El hijo levantó la mirada mientras apretaba el teléfono entre sus manos. —Voy a buscarlo —dijo con determinación. —¡No! —gritó su esposa—. ¡Quieren que caigas directamente en una trampa! Pero el hombre ya caminaba hacia la puerta, decidido a encontrar a su padre.
La madre corrió detrás de él y sujetó fuertemente su brazo. —No tienes que ir solo —dijo mientras lloraba. El hombre se giró lentamente y la miró con profunda desconfianza. —¿Qué quieres decir? La mujer sacó entonces una pequeña llave que llevaba escondida en su bolsillo.
—Tu padre me pidió que te entregara esto solamente cuando descubrieras toda la verdad. El hijo tomó la llave y la observó detenidamente bajo la luz. —¿Qué abre? La mujer lo miró directamente a los ojos antes de responder. —La puerta detrás de la cual está escondido tu padre.
El policía inmediatamente levantó su arma y miró hacia el sótano. —¿Dónde está esa puerta? La madre señaló lentamente hacia una esquina de la cocina. —Debajo de esas tablas hay una entrada que nadie conoce. El hijo apartó unas cajas y descubrió una pequeña trampilla cubierta de polvo.
Entonces todos escucharon un fuerte golpe proveniente de debajo del piso. Otro golpe sacudió la casa y todos quedaron paralizados. —¡Ayúdenme! —gritó una voz desde la oscuridad. El hijo reconoció inmediatamente aquella voz y sintió que las piernas le temblaban.
—¡Papá! —gritó mientras corría hacia la trampilla. Pero Ernesto lo sujetó antes de que pudiera abrirla. —¡Espera! ¡No puedes bajar sin saber quién está ahí! El hijo intentó soltarse mientras lo miraba con desesperación. —¡Es mi padre! ¡Llevo años esperando volver a escucharlo!
Ernesto lo miró fijamente y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. —Tu padre no está solo ahí abajo. El hijo se quedó inmóvil al escuchar aquellas palabras. —¿Quién está con él? Ernesto tardó unos segundos en responder, como si tuviera miedo de revelar la verdad.
—La persona que durante todos estos años controló el dinero de la familia. La misma persona que manipuló a tu hermana y ocultó las pruebas. La madre cerró los ojos mientras comenzaba a llorar desconsoladamente. Entonces, desde el sótano, se escuchó nuevamente la voz de un hombre:
—Hijo… no abras esa puerta.
El hijo quedó completamente paralizado al reconocer aquella voz. Miró a su madre, después a Ernesto y finalmente hacia la trampilla. Pero había algo que no podía entender: aquella voz era idéntica a la de su padre, aunque acababa de recibir una fotografía donde aparecía encerrado en otro lugar.
Entonces el desconocido levantó lentamente la mirada y susurró: —Ya entendí lo que está pasando. Todos se giraron hacia él. El hombre señaló la trampilla y dijo: —El que está ahí abajo no es tu padre.
La madre comenzó a temblar.
Y antes de que alguien pudiera detenerlo, la puerta del sótano comenzó a abrirse lentamente desde el interior.