Su propia madre fue expulsada de su casa… pero el destino terminó dándole la razón — Parte 3
—La promesa fue que, cuando lograra convencerte de echar a tu madre, tú me entregarías las escrituras de la casa.
El hombre quedó completamente paralizado al escuchar aquella confesión de labios de su propia esposa. Miró a la mujer que amaba como si de repente estuviera frente a una desconocida.
—¿Tú hiciste todo esto solamente para quedarte con la casa? —preguntó con la voz quebrada.
Ella comenzó a llorar, pero durante varios segundos fue incapaz de pronunciar una sola palabra. La madre permaneció en silencio, observando a su hijo descubrir finalmente aquello que ella siempre temió.
—Mamá… yo te saqué de tu propia casa por culpa de ella —dijo él, arrepentido.
La mujer negó lentamente con la cabeza y respondió con una serenidad que lo hizo sentir todavía peor.
—No me sacaste por culpa de ella, hijo. Tú tomaste esa decisión porque dejaste de confiar en mí.
Aquellas palabras golpearon al hombre más fuerte que cualquier reproche que pudiera haber recibido. Recordó todas las veces que su madre intentó advertirle y él prefirió ponerse del lado de su esposa.
—Perdóname, mamá. No sé cómo pude ser tan ciego —murmuró mientras bajaba la mirada.
Su esposa intervino rápidamente, intentando recuperar el control de la situación antes de que fuera demasiado tarde.
—¡No le creas! ¡Tu madre está tratando de manipularte ahora mismo! —gritó desesperadamente.
El hombre levantó una mano y la detuvo antes de que pudiera continuar con sus acusaciones.
—¡Ya basta! Durante semanas tú fuiste quien estuvo manipulándome a mí.
La mujer se quedó inmóvil y, por primera vez, pareció comprender que había perdido el control sobre su esposo.
—Me hiciste creer que mamá quería controlar nuestras vidas y que quería separarnos —continuó él.
—Porque era verdad —respondió ella, intentando sostener su última mentira.
—Entonces explícame por qué llevabas semanas buscando los documentos de mi padre.
La joven guardó silencio y sus ojos comenzaron a moverse nerviosamente de un lado hacia otro. La madre abrió lentamente la carpeta que llevaba consigo y sacó una fotografía antigua.
—Porque ella no está interesada solamente en esta casa —dijo con voz firme.
Su hijo tomó la fotografía y observó detenidamente el rostro de un hombre desconocido.
—¿Quién es este hombre? —preguntó mientras acercaba la fotografía hacia la luz.
Su madre respiró profundamente antes de contestar, como si aquella historia le provocara demasiado dolor.
—Ese hombre apareció en nuestras vidas hace muchos años y tu padre nunca quiso hablar de él.
—¿Y qué tiene que ver con mi esposa? —preguntó él, cada vez más confundido.
—Eso es precisamente lo que todavía no puedo demostrar —respondió la madre con preocupación.
El hijo sintió que algo mucho más grande que una simple disputa familiar estaba escondido detrás de todo aquello.
—Mamá, dime toda la verdad. Ya no quiero seguir viviendo entre mentiras.
La mujer asintió lentamente y volvió a mirar la fotografía que sostenía entre sus manos.
—Tu padre comenzó a investigar a ese hombre poco antes de morir.
—¿Investigar por qué? —preguntó el hijo mientras sentía que su corazón comenzaba a acelerarse.
—Porque descubrió que alguien estaba utilizando su nombre para hacer negocios a escondidas.
El hombre abrió los ojos con sorpresa al comprender que su padre también había guardado secretos.
—¿Qué clase de negocios? —preguntó mientras miraba nuevamente a su esposa.
—Negocios que podían destruir nuestra familia si llegaban a descubrirse —respondió su madre.
La esposa palideció inmediatamente y ese pequeño gesto no pasó desapercibido para su esposo.
—¿Por qué te asustaste? —preguntó él, mirándola fijamente.
—No me asusté —respondió ella demasiado rápido, intentando ocultar su nerviosismo.
—Sí te asustaste, y ahora quiero saber exactamente por qué —contestó el hombre.
La joven retrocedió lentamente mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Porque yo también recibí una llamada de ese hombre —confesó finalmente.
La madre cerró los ojos durante unos segundos, como si aquella confesión confirmara sus peores sospechas.
—¿Cuándo hablaste con él? —preguntó el hijo, completamente sorprendido.
—Hace varios meses, antes de que comenzaran todos nuestros problemas —respondió ella.
—¿Y qué quería de ti? —preguntó él mientras su voz comenzaba a llenarse de decepción.
La mujer comenzó a llorar y finalmente dejó de intentar esconder la verdad.
—Me ofreció dinero para que consiguiera los documentos que tu padre había dejado escondidos.
El hombre dio un paso hacia atrás, incapaz de creer que su propia esposa hubiera aceptado semejante trato.
—¿Y tú aceptaste ayudarlo? —preguntó con una mezcla de tristeza y rabia.
—Al principio sí, porque necesitaba el dinero y pensé que solamente quería quedarse con la propiedad.
La madre la miró fijamente, esperando escuchar el resto de aquella terrible confesión.
—¿Y después qué ocurrió? —preguntó finalmente, con una voz mucho más seria.
La joven levantó la mirada y respondió entre lágrimas:
—Después descubrí que quería algo mucho peor.
El hijo sintió un escalofrío al escuchar aquellas palabras y se acercó lentamente a ella.
—¿Qué quería ese hombre? —preguntó mientras todos permanecían en completo silencio.
La mujer señaló la fotografía que todavía estaba sobre la mesa.
—Quería encontrar algo que tu padre escondió antes de morir.
—¿Qué escondió mi padre? —preguntó el hombre, mirando inmediatamente a su madre.
Ella abrió lentamente la última parte de la carpeta y sacó un documento cuidadosamente doblado.
—Una segunda escritura —respondió con voz baja, provocando que todos quedaran sorprendidos.
—¿Otra escritura? ¿Entonces qué propiedad aparece allí? —preguntó su hijo.
La madre negó lentamente con la cabeza y decidió revelar solamente una parte de la verdad.
—No corresponde a esta casa, hijo, sino a una propiedad que tu padre compró en secreto.
El hombre abrió los ojos completamente sorprendido al descubrir que su padre tenía otra propiedad.
—¿Y por qué nunca nos habló de ella? —preguntó mientras observaba el documento.
—Porque esa propiedad no estaba registrada a nombre de tu padre —respondió la madre.
La esposa se acercó lentamente, intentando mirar el documento que él sostenía entre sus manos.
—Entonces, ¿a nombre de quién estaba? —preguntó ella con una voz que apenas podía escucharse.
La madre levantó la mirada y respondió:
—A nombre de una persona que ninguno de ustedes conoce.
En ese instante, alguien golpeó fuertemente la puerta de la casa de la hija. Todos quedaron inmóviles y durante unos segundos nadie se atrevió siquiera a respirar.
El golpe volvió a escucharse, esta vez mucho más fuerte que el anterior. La madre apretó la carpeta contra su pecho y susurró:
—No abras esa puerta.
Pero su hijo caminó lentamente hacia la entrada, decidido a descubrir quién estaba detrás.
—¿Quién es? —preguntó mientras colocaba la mano sobre la cerradura.
Del otro lado se escuchó una voz masculina, tranquila y completamente desconocida para él.
—Vengo por los documentos que pertenecieron a tu padre.
El hombre miró inmediatamente hacia su madre, esperando que ella pudiera explicar lo que estaba ocurriendo. Pero la mujer permaneció pálida, como si aquella voz hubiera despertado un recuerdo que quería olvidar.
La voz volvió a escucharse detrás de la puerta con una advertencia inesperada:
—Y si quieres saber quién es realmente el dueño de esa propiedad, déjame entrar.
La madre dio un paso hacia atrás y sus manos comenzaron a temblar visiblemente. Su hijo se acercó a ella y preguntó en voz baja:
—Mamá, ¿quién es ese hombre?
La mujer levantó lentamente la mirada hacia la puerta y respondió con lágrimas en los ojos:
—Esa voz… yo la conozco.
El hijo se quedó completamente inmóvil al escuchar aquellas palabras de su madre.
—¿Quién es, mamá? —preguntó mientras todos esperaban aterrorizados su respuesta.
La mujer miró nuevamente la fotografía que estaba sobre la mesa y señaló al hombre de la imagen.
—Es el mismo hombre que tu padre intentó mantener lejos de nuestra familia durante tantos años.